Cáncer infantil o cáncer pediátrico es el cáncer que afecta a niños y jóvenes. Es importante destacar que cuando el cáncer afecta a un niño o a un joven lo hace en forma distinta a como afecta a los adultos. Ya que muchos de los tipos de cáncer que se dan en la adultez son resultado de la exposición a agentes productores de cáncer como tabaco, dieta, sol, agentes químicos y otros factores que tienen que ver con las condiciones ambientales y de vida, mientras que las causas de la mayoría de los tipos de cáncer pediátricos son, hoy por hoy, aún desconocidas.  Tipos de Cáncer Los tipos de cáncer más frecuentes en los niños y adolescentes son: leucemias, tumores de sistema nervioso, de hueso, del sistema linfático y de hígado. Cada uno se comporta de forma diferente pero todos tienen en común la proliferación descontrolada de células anormales.  Diagnóstico Un niño con cáncer debe ser diagnosticado con precisión y tratado por equipos de especialistas en oncología pediátrica. El cáncer infantil tiene en la mayor parte de los casos un mejor pronóstico que el de adultos.
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Cáncer Infantil

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Tratamiento El tratamiento supone grandes exigencias para los niños y sus familias: durante un tiempo más o menos prolongado deben armar su rutina familiar en función del hospital, de los horarios y de los cuidados que requiere el niño enfermo. El niño debe soportar procedimientos dolorosos, tomar medicaciones, hacerse estudios, soportar restricciones a lo que eran sus actividades cotidianas antes del diagnóstico y ver limitada su vida infantil.  Los papás deben aprender gran cantidad de información, deben aprender los códigos de la institución en la que su hijo se trate, lidiar con las obras sociales y con el banco de drogas, explicarle a familiares y amigos la evolución del niño, cuidar a los hermanos sanos en caso de que los hubiera, resolver su situación laboral, seguir funcionando como soporte de su hijo, etc.  Conciliación enfermedad-familia La experiencia de un niño con cáncer y su familia es altamente estresante. Sin embargo es una oportunidad para reconocer fortalezas, cambiar roles, aceptar ayudas, aprender de otros que pasaron por la misma situación y compartir intensamente el tiempo en familia. Para que esto suceda además de los recursos internos de la familia es importantísimo el soporte que la comunidad puede brindar, perdiendo el miedo a acercarse, el temor a impresionarse, valorando que más allá de estar enfermo de cáncer es un niño que necesita jugar, ir a la escuela, distraerse, relacionarse, insertarse socialmente, crecer y desarrollar sus potencialidades.
33 años como responsable de oncología infantil del hospital La Fe de Valencia dan para mucho. Victoria Castel comenzó a trabajar en 1973, cuando prácticamente estaba todo por hacer en su especialidad. Durante este tiempo la médico e investigadora ha asistido desde un lugar privilegiado al avance sideral que se ha dado en la atención que reciben los pacientes más pequeños afectados por un tumor. “Por entonces, la supervivencia no llegaba al 40% y ahora nos acercamos al 80%”, comenta.
  En oncología infantil somos muy optimistas.
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Fuente: El País
En este tiempo los resultados se han equiparado a los de los países más avanzados, “los nórdicos van por delante, pero solo ligeramente, con una supervivencia de no más de un 5% superior”. Pero estas cifras tan positivas son, sin embargo, “algo engañosas”, admite. En algunos tumores se ha progresado a la velocidad de la luz, como en las leucemias linfoblásticas (con tasas de supervivencia de más del 80%) o el linfoma de Hodking (de más del 90%). Pero hay otros, como los neuroblastomas (menos del 70%) o meduloblastomas (65%) mucho más difíciles de combatir. “Y la leucemia mieloide es peor todavía”, añade. “Hay tumores en los que no podemos curar a la mayoría de los niños y otros con formas que presentan resistencia con los medicamentos que tenemos ahora”.
De ahí la importancia de mejorar el arsenal terapéutico actual. No solo para aumentar la expectativa de vida de los niños, sino también para reducir los efectos secundarios que pueden provocar la aparición de enfermedades crónicas (como por ejemplo insuficiencias cardiacas) “con diez o veinte años de antelación respecto a lo que es habitual en el resto de la población”, apunta.
A partir de un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Lund y Goteburgo (Suecia) se determina que la leche materna contiene una sustancia especial, bautizada como HAMLET (human alpha-lactalbumin Made Lethal to Tumor cells), que fue descubierta casualmente hace 18 años por una inmunóloga de Suecia que observó, cuando estudiaba las propiedades antibacterianas de la leche materna, que las células cancerígenas aisladas se reducen y se destruyen en contacto con la leche materna.
  Guía Práctica Clínica para el manejo del dolor de los niños con cáncer.
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Fuente: Guía Infantil
Esta sustancia resultante de la modificación de la alfa-lactoalbúmina de la leche materna, hecha en laboratorio, resulta ser efectiva para matar a 40 tipos diferentes de células cancerígenas (no se trata de una sustancia que provenga directamente de la leche materna, sino que ha sido modificada). Esta sustancia podría emplearse en el futuro como medicación para el tratamiento de ciertos tipos de cánceres. Ha sido probada en enfermos de cáncer de vejiga y, tras recibir el tratamiento, se ha descubierto que lograban expulsar por la orina células cancerígenas muertas.

De la misma manera, ahora los investigadores tratan de averiguar si es efectiva contra el cáncer de piel, los tumores de las membranas mucosas y los cerebrales.
Hace unos días, también salió a la luz un estudio de investigadores de la Escuela de Keck de Medicina en los Ángeles, que revelaba que las madres maduras  (que tienen hijos pasados los treinta) pueden reducir en la mitad el riesgo de contraer cáncer de mama cuando amamantan a sus hijos. Noticias como éstas son un avance importante en la lucha contra esta fatídica enfermedad y añade una bondad más a la lactancia y leche materna.
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Fuente: El País
"Nadie está preparado para que te digan que tu niña de cuatro años tiene un cáncer y se puede morir", explica Sandra del Valle, que acompañó a su hija (ahora con ocho años) durante los 18 meses en los que padeció leucemia. En cada paso del tratamiento clínico en el Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid siempre se preguntó: ¿qué hacer si tiene náuseas?, ¿y si le salen manchas?, ¿y si la niña se queja al llegar a casa?, ¿cómo reaccionar ante el dolor y cómo calmarlo?, ¿cómo explicarle su enfermedad? o ¿cuándo decirle lo que va a sentir su cuerpo después de la medicación? Ante estos retos, a veces derivados de la falta de una comunicación eficaz entre padres y profesionales médicos, la Fundación Cris optó por la financiación de la primera Guía de práctica para el manejo del dolor en niños con cáncer.

El libro ha sido elaborado por la Unidad de Investigación en Cuidados de Salud del Instituto de Salud Carlos III. En el trabajo han participado enfermeras, psicólogas, especialistas en oncología, padres y jóvenes que han superado esta enfermedad. En España, según datos de la Fundación, cada año se diagnostican 1.400 niños con cáncer, de los cuales fallecen 280.
  Guía Práctica Clínica para el manejo del dolor de los niños con cáncer.
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