«Yo soy de un fototipo de piel clara. Por eso, desde que un año me quemé en el Open de Australia, mi dermatólogo Joseph Malvehy me advirtió que tuviera mucho cuidado con el sol. En una de mis visitas rutinarias, en noviembre de 2005, Joseph vio una peca en la espalda que no le hizo mucha gracia. Decidió que lo más adecuado era hacerme una biopsia…» Ahí empezó su vía crucis. El especialista le comunicó que era un melanoma: el cáncer cutáneo más agresivo y mortal. Pero por encima de cualquier otra cualidad, el extenista catalán de 36 años es una persona muy positiva y valiente. La entereza de Mantilla fue decisiva para salir adelante. El cáncer estaba en su fase inicial. No estaba extendido. El melanoma se había detectado a tiempo. El diagnóstico precoz le salvó la vida.
 
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No fueron necesarias ni quimio ni radioterapia. Pero sí dos delicadas intervenciones quirúrgicas que neutralizaron por completo aquel melanoma y cualquier atisbo de agravamiento: «Soy una persona muy fuerte mentalmente. Tengo claro que la vida no es de color de rosa y por eso desde el principio me tomé toda esta pesadilla aceptando con sensatez cualquier novedad. Lo que tenga que pasar, pasará, me decía. Preocuparse por algo que a lo mejor no tiene solución es tontería. Si te ha tocado, te ha tocado. Yo tuve la suerte de dar con Joseph. No es nada sencillo detectar un melanoma en su fase inicial, y él lo hizo. Me siento afortunado».
Fuente: El Diario Montañés
Enlace: Noticia
  “FÉLIX MANTILLA”

Nunca pensé que el sol podía hacer tanto daño

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