Aunque los tumores de la médula espinal no pueden prevenirse, algunas formas de cáncer que se propagan a la médula espinal pueden prevenirse o curarse antes de que se propaguen a la columna vertebral. A pesar de que a menudo algunos tumores benignos son hereditarios, sigue siendo un misterio la causa de los tumores de la médula espinal primarios. Las causas posibles incluyen genes defectuosos, virus y químicos.
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Tumores de la Médula Espinal

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¿Qué es? La médula espinal, que se encuentra protegida dentro de la columna vertebral, contiene nervios que transmiten mensajes entre el cerebro y los nervios de todo el cuerpo. Un tumor en o cerca de la médula espinal puede interrumpir esta comunicación, deteriorar el funcionamiento y poner la salud en grave riesgo. Los tumores de la médula espinal son masas de células anormales que crecen en la médula espinal, entre su vaina protectora o sobre la superficie que cubre la médula espinal. Los tumores de la médula espinal pueden afectar a personas de cualquier edad; no obstante, son más frecuentes en adultos jóvenes y de mediana edad. Los médicos los clasifican en tres grupos principales en base a su ubicación: Tumores extradurales: crecen entre el conducto vertebral óseo y la membrana que protege la médula espinal (duramadre). Tumores extramedulares: crecen fuera de la médula espinal y fuera de la duramadre. Tumores intramedulares: crecen dentro de la médula espinal y fuera de la duramadre.                   Síntomas Los tumores la médula espinal generalmente se forman lentamente y empeoran con el tiempo. Los síntomas se manifiestan cuando el tumor presiona sobre la médula espinal o los nervios que salen de la médula espinal y serían: - Dolor: el dolor en la espalda es generalmente el síntoma más notable; no obstante, la presión en la médula espinal puede desencadenar dolor que se siente como si viniera de diferentes regiones del cuerpo. Este dolores constante y puede ser ardiente y fuerte. - Cambios en la sensibilidad: estos pueden manifestarse como entumecimiento, cosquilleo, disminución de la sensibilidad por los cambios de temperatura o por el frío. - Problemas motores: tumores que dificultan la comunicación nerviosa puede causar síntomas en los músculos, como debilidad muscular progresiva o pérdida de control intestinal o de la vejiga.   Diagnóstico Si presenta cualquier de los síntomas de un tumor de la médula espinal, su médico lo examinará y revisará su historia clínica en busca de otras condiciones que podrían causar síntomas similares. El examen físico incluirá un examen neurológico básico, que examina movimiento de los ojos, reflejos de los ojos y reacción de las pupilas; reflejos; audición; sensibilidad; fuerza; además de equilibrio y coordinación. Otros exámenes de diagnóstico podrían incluir: - Tomografía computada (TAC): puede determinar la ubicación del tumor en la médula espinal y también puede ayudar a detectar inflamación, hemorragia y otras condiciones asociadas. Una cámara gira alrededor del cuerpo y sus datos son recogidos por un ordenador. - Imagen por resonancia magnética (IRM): esta técnica brinda una imagen de la médula espinal usando un poderoso imán, un transmisor de ondas electromagnéticas y una computadora.  - Mielograma: esta es una técnica radiográfica especializada en la cual se inyecta un tinte dentro de la médula espinal que absorbe los rayos X. El tinte delinea la médula espinal, pero no pasará a través del tumor, lo que creará una imagen con un área oscura y angosta que indica la ubicación del tumor - Punción lumbar: este procedimiento toma una muestra de líquido cefalorraquídeo, que se analiza para detectar células anormales que podrían sugerir la presencia de un tumor en la médula espinal.          Tratamiento Generalmente, se recomienda cirugía de los tumores de la médula espinal primarios no cancerosos y cancerosos, y generalmente la cirugía resulta exitosa en los tumores ubicados fuera de la médula espinal. No obstante, podría resultar imposible extirpar otros tumores sin causar daño significativo a la médula espinal. En esos casos, podría aplicarse radioterapia para disminuir el crecimiento de los tumores. Podría recomendarse quimioterapia en ciertos tipos de tumores que continúan creciendo después de la cirugía o radioterapia. En tumores secundarios, el tratamiento dependerá del tipo de cáncer que se ha propagado a la médula espinal. No obstante, se considera la radioterapia como tratamiento primario en los casos de cáncer secundario que comprime la médula espinal. La médula espinal es aún más sensible a los efectos de la radioterapia que el tejido cerebral. Los segmentos torácicos de la médula espinal en el área de las costillas, donde aparecen aproximadamente la mitad de todos los tumores de la médula espinal, son los más sensibles a los efectos de la radiación. Podría ser necesaria la fisioterapia para ayudar a la persona a restablecer el control y la fuerza muscular después de la radioterapia o la cirugía.
Según un nuevo informe desarrollado por el Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC), que muestra también que, al menos, hasta tres de cada cuatro de los que fallecen por esta patología presentan metástasis en hueso en el momento de su muerte. El informe, que "tiene como objetivo conocer las necesidades de los pacientes con metástasis óseas y sus cuidadores para darles respuesta y abordarlas adecuadamente", deja patente que la edad más habitual de aparición de la enfermedad metastásica es a partir de los 40 años, y, sobre todo, se presenta en pacientes con cáncer de mama o próstata avanzado.  "Sabemos que los cánceres de mama y próstata producen sustancias que actúan en el hueso creando un medio "favorable" para que las células tumorales asienten allí", ha explicado el doctor Antonio Sánchez Ruiz, del Servicio de Oncología Médica del Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda, en Madrid. Asimismo, las complicaciones más comunes en la metástasis de huesos son dolor, compresión medular o fracturas en los huesos, que pueden disminuir la calidad de vida de los pacientes. Suelen estar localizados a lo largo de la columna vertebral, siendo la región lumbar la más afectada, seguida de la torácica, cervical y sacra además de costillas y pelvis. Estos síntomas producen limitaciones para caminar e incluso la imposibilidad de hacerlo, pérdida de equilibrio, vértigo y cansancio. Todo esto provoca una inseguridad en el paciente a la hora de hacer una vida normal, de salir a la calle o de hacer cualquier tarea autónomamente.   Uno de cada dos pacientes con cáncer avanzado desarrollará metástasis óseas.
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Fuente: Europa Press
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